La naturaleza por el arte proviene desde tiempos remotos en donde la necesidad de expresarse no limitaba a aquellos artistas rupestres en quejarse de no tener un bastidor y la mejor marca de pinturas o disolventes, sino, que su propio entorno se convertía en su materia prima y las grandes paredes de piedra se volvían su mejor lienzo.
Su inspiración era su entorno y ellos mismo, y de una manera muy primaría y sin mucho estudio de conceptos de forma y color, manifestaban lo que observaban de una manera creativa y singular, muy nata y prematura en líneas simples y manchas, que hoy nos dejan adivinar como era ese entorno y su visión primaria del arte y contexto.

En medio de todo este quehacer artístico primario, que nace de esa naturaleza expresiva que tenemos todos, pero que manifestamos a través de distintos recursos, existen ciertos valores que integran esa naturaleza y composición de nuestra expresión, que en algunos casos podemos designar o clasificar como arte, estos son el valor sintáctico, semántico y el pragmático.
El valor sintáctico, es aquel en el que conjugamos los diferentes elementos plásticos que integran la obra, desde el formato, espacio, técnica, materiales, dimensiones, color, luz, forma, entre otros, que son el medio por el cual se emite el mensaje.
En este aspecto, es en el cual podemos experimentar con múltiples formas de liberar nuestra expresividad, investigando y probando distintas formas y técnicas, y actualmente podemos apoyarnos en los recursos que la tecnología nos permite escudriñar, desde los propios desechos de material industrial que van a la basura, hasta medios de efectos visuales como laser, luces, hologramas, en fin maneras singulares y poco esperadas, de cosas en las que nuestra creatividad puede reposar tranquilamente, sin dejarnos decir que no hay con que podamos hacer arte o interpretar esa idea que da vueltas en nuestra mente y queremos compartir con los demás.
Ahora, esa intención con la que compartimos lo que expresamos es el valor pragmático, que es lo que queremos generar en nuestro público, qué es lo que buscamos despertar en ellos, el impacto no solo visual, sino, psicológico y emocional, que debe despertarse en ellos producto de lo que ven en nuestra obra.

Hemos hablado anteriormente de que muchas veces, descubrimos que la obra se convierte en un espejo para el espectador. Pero a veces, encontramos reacciones como de desagrado, repulsión y en otras una gran empatía con la obra, tanto que se puede generar una admiración por el artista. Pero, ¿qué hay en esas obras que lleva a esas reacciones tan extremas, será la emoción que despierta o el impacto por el choque de sistema de creencias o conceptos morales, filosóficos, espirituales o religiosos?
Hay entonces un contenido en esas obras que nos despierta a algo, no importa ese algo, mientras que finalmente se genere esa inquietud, cuando eso sucede sabemos que nuestra obra vive, porque ha logrado despertar algo en ese alguien, y si tiene la capacidad, no solamente transmitir un mensaje, sino también de impactar, sabremos que hemos alcanzado el mayor objetivo.
Ahora, si nos vamos a comprender que es ese algo contenido en la obra, vamos a enfocarnos en el valor semántico de la expresión artística, en esta parte, vamos a encontrar, que es lo que el narrador visual nos quiere expresar, su objetivo anecdótico, moral, expresivo, su manifiesto , posición con respecto a algún tema, político, moral, de denuncia, situaciones personales, su interpretación con respecto a alguna técnica, alguna percepción paisajista, en fin múltiples temáticas en múltiples soportes; pero es aquí en donde el artista desarrolla su cuento y lo plasma para que causar todos esos efetos pragmáticos en el espectador.
Su fin es entretenernos y liberarse y ¿por qué no?, ¡liberarnos!
Finalmente, la narrativa del autor nos trasporta a esa esencia mágica que nos saca del entorno y nos lleva a valorar otra perspectiva humana, que se va convirtiendo poco a poco en algo que también es nuestro, porque finalmente impacta nuestra vida.
La naturaleza artística es una experiencia compartida, su origen puede ser unigénito, de una sola fuente originaria, pero su carácter artístico, lo alcanza cuando se vuelve parte de ese alguien más a quien se involucra en la experiencia artística.
POR LEIRYN ALVARADO COSTA RICA













