En 1900, la Ciudad de México inauguró una cárcel que fue considerada la más moderna y segura de América Latina. Hoy, ese mismo edificio guarda algunos de los documentos más importantes de la historia de México.

Es el Palacio Negro de Lecumberri.
La Penitenciaría de Lecumberri fue inaugurada el 29 de septiembre de 1900 durante el gobierno de Porfirio Díaz. Su construcción respondía a una idea que en aquella época se consideraba moderna: una prisión diseñada para controlar y vigilar a los internos de la manera más eficiente posible.
Su arquitectura seguía el modelo panóptico desarrollado a partir de las ideas del filósofo inglés Jeremy Bentham. El edificio fue organizado con una zona central desde la que se podían vigilar las distintas áreas de reclusión, mientras las crujías se extendían de forma radial.
El proyecto estuvo relacionado con el trabajo del arquitecto Lorenzo de la Hidalga y posteriormente fue desarrollado por Antonio Torres Torrija, con la participación de los ingenieros Antonio M. Anza y Miguel Quintana.
Su apariencia también refleja el gusto arquitectónico del Porfiriato. La monumentalidad del edificio, sus elementos de inspiración europea y su composición simétrica buscaban transmitir orden, autoridad y modernidad.
Pero detrás de esa imagen estaba una prisión que durante décadas fue escenario de historias de violencia, corrupción e injusticia. Por sus instalaciones pasaron numerosos personajes de la vida política y cultural de México. Incluso Francisco I. Madero y José María Pino Suárez estuvieron ahí antes de ser asesinados en febrero de 1913.


Con el paso del tiempo, Lecumberri dejó de representar aquella idea de cárcel moderna. El 27 de agosto de 1976 cerró definitivamente sus puertas como penitenciaría.
Y aquí viene uno de los cambios más sorprendentes de su historia.
En 1977 se decidió convertir el antiguo Palacio Negro en la nueva sede del Archivo General de la Nación. El enorme edificio fue remodelado y adaptado para una función completamente distinta: en lugar de encerrar personas, comenzó a resguardar documentos fundamentales para entender la historia de México.
En 1982 inició oficialmente esta nueva etapa.
Hoy, el Palacio de Lecumberri es la sede del Archivo General de la Nación, donde se conserva una parte fundamental del patrimonio documental del país. Entre sus acervos se encuentran documentos históricos como el Acta de Independencia, la Constitución de 1917 y los Sentimientos de la Nación.
El lugar que alguna vez fue una de las prisiones más temidas de México terminó convertido en un espacio dedicado a conservar la memoria del país.
Espíritu Curioso, ¿qué te impresiona más de Lecumberri: su arquitectura, todo lo que ocurrió entre sus muros o la transformación que tuvo para convertirse en el Archivo General de la Nación?
POR DAVID ÁLVAREZ MÉXICO












