A menos de un kilómetro de instalaciones de la Guardia Nacional o de la Policía Estatal o Municipal, o quizás de un centro comercial más moderno de la ciudad, cerca de los barrios, se puede observar todos los días a jóvenes ocupados en discusiones intrascendentes, peleando, intercambiando sustancias de uso industrial que les sirven de drogas o simplemente absortos por el efecto de éstas, con la mirada perdida en las calles sin ley de la capital potosina. Ellos son sólo algunos de los miles de chavos banda que forman parte de los colectivos sociales, abandonados a la suerte por la falta de oportunidades, abrazados por los cárteles más que por sus familias, con un resentimiento social muy fuerte hacia la clase política de nuestro país; son los ángeles negros dignos de admirar por su coraje de supervivencia en la selva de asfalto. Generaciones llegan y se van, y el plomo es parte del acontecer diario, pero algo los une, la hermandad, la familia, las caguamas y la música.

Los chavos banda no son los típicos niños callejeros porque la mayor parte de ellos tiene dónde llegar por las noches. Lo que sucede es que viven en espacios pequeños y la mayoría tiene problemas con sus padres. Este rechazo o imposibilidad de ser protegidos por sus familias les genera un espíritu nómada y una necesidad de compartir entre semejantes, así como un agudo encono hacia la sociedad, algunas veces expresado contra ésta en su conjunto y otras hacia particulares. Así, por ejemplo, en la ciudad de San Luis Potosí muchas bandas manifiestan su enfado contra lo que llaman “el orden establecido”, a través de contiendas político-sociales a favor de la libertad sexual o de expresión, y por demandas ecológicas.
Existe, por ejemplo, la violencia que se da entre ellos mismos, incluso entre amigos, y por cualquier cosa, por una chela, por una chava o porque están drogados. “También hay quienes son muy agresivos porque han sido violentados desde muy pequeños y ahora tratan de responder de la misma manera”. Expone Hormigangsta en muchas entrevistas, y desde luego en la letra de sus canciones junto a su hijo Slocker One. Todas las letras son vivencias, experiencias, nada es inventado, nada es fantasía, es la realidad de la capital potosina.
El Hormigangsta es la voz de las calles de San Luis Potosí en México; productores extranjeros lo han buscado para plasmar en documentales, videos y entrevistas, esa figura que a trascendido más allá de las fronteras en tierra, hasta el otro lado del mar.
Letras que proyectan un sentir, y la identificación se hace latente inmediatamente en quién lo escucha cantar.
Puesto que la esencia misma del hip-hop es social y política, el sistema actual ha logrado recuperar una parte de la cultura hip-hop. Si bien esta recuperación y el desarrollo de la industria discográfica han permitido crear un mercado para el rap de concienciación o de protesta, estos fenómenos también han hecho posible la emergencia de un rap edulcorado respecto al de su faceta reivindicadora.
A través de influencias musicales diversas (jazz, funk, soul…), los habitantes de los guetos transmiten un mensaje social y político. No hace falta ser músico o cantante, ni disponer de instrumentos. Se trata esencialmente de reutilizar estándares musicales para hablar de la realidad cotidiana de los barrios, de la pobreza, del racismo y de la violencia policial; una forma de emanciparse de la violencia estatal.
POR DAVID ÁLVAREZ
MÉXICO